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A Salvo

Educación en emergencias para familias y escuelas

Cómo lo enseñan otros países

Educación en emergencias en la Unión Europea

La mayoría de los Estados miembros ya enseñan en la escuela a reconocer un riesgo y a pedir ayuda. Lo que cambia de un país a otro es cuánto tiempo le dedican y si se evalúa.

La Unión Europea no tiene competencias para fijar lo que se enseña en las aulas de cada país. Los planes de estudios los deciden los Estados, y en España además las comunidades autónomas. Aun así, las instituciones europeas llevan años recogiendo datos sobre cómo se enseña en la escuela a prevenir riesgos y a actuar en una urgencia, y de esos datos sale una imagen bastante clara de hacia dónde van los países del entorno.

Lo que encontró la agencia europea de seguridad

En 2009 la agencia de la Unión Europea dedicada a la salud laboral, conocida por sus siglas en inglés EU-OSHA, publicó un estudio sobre la presencia de la seguridad y la salud en los planes de estudios de los Estados miembros. La agencia se ocupa de los riesgos laborales, pero su punto de partida era que las actitudes ante el peligro se forman mucho antes de entrar en una empresa.

El informe constató que la mayoría de los países ya habían incorporado la educación sobre riesgos a sus currículos nacionales y que en primaria y secundaria había mucha actividad, tanto en marcha como prevista. Entre las competencias que los distintos sistemas se proponían desarrollar en los alumnos aparecían saber reconocer una situación peligrosa y elegir la opción más segura, saber pedir ayuda y, en el terreno de la salud, saber aplicar primeros auxilios.

El estudio también señalaba de qué depende que esa enseñanza funcione. Hacen falta objetivos concretos, un sitio definido dentro del sistema educativo y profesores formados para impartirla. Y recomendaba que la seguridad no fuera un tema suelto de una asignatura, sino algo que el centro entero practica, desde los simulacros hasta el estado de las instalaciones.

El Parlamento Europeo y la parada cardiaca

En junio de 2012 una mayoría de los eurodiputados firmó una declaración por escrito que pedía una semana europea de concienciación sobre la parada cardiaca. El texto instaba a los Estados a organizar formación en reanimación cardiopulmonar y en el uso del desfibrilador para toda la población. Al año siguiente, el Consejo Europeo de Resucitación puso en marcha el día europeo Restart a Heart, que se celebra cada 16 de octubre con sesiones de formación en colegios y plazas de toda Europa.

Dinamarca, el ejemplo más citado

Dinamarca hizo obligatoria la formación en reanimación en la escuela primaria en 2005, y al año siguiente la exigió para obtener el carné de conducir. Además repartió maniquíes de autoaprendizaje y colocó miles de desfibriladores en lugares públicos. Un estudio publicado en 2013 en la revista JAMA, con más de 19.000 paradas cardiacas registradas en el país entre 2001 y 2010, midió el resultado: la proporción de víctimas que recibieron reanimación de un testigo pasó del 21 % al 45 %, y la supervivencia a los 30 días subió del 3,5 % al 10,8 %.

Nadie atribuye todo el avance a la escuela, porque el país actuó a la vez en varios frentes. Pero el caso danés es el que suele citarse cuando se discute si merece la pena dedicar horas de clase a esto.

Kids Save Lives

En 2015 la Organización Mundial de la Salud respaldó la declaración Kids Save Lives, promovida por el Consejo Europeo de Resucitación junto con otras organizaciones médicas internacionales. Propone que todos los escolares reciban dos horas anuales de formación en reanimación a partir de los 12 años. La cifra es modesta a propósito: dos horas al año caben en cualquier horario, y repetidas curso tras curso bastan para que el gesto quede aprendido.

Dónde está España

En España la protección ante emergencias figura desde 2014 entre los elementos transversales del currículo de primaria y de secundaria, y los primeros auxilios aparecen entre los contenidos de Ciencias de la Naturaleza. Es un avance respecto a la ley anterior, pero transversal quiere decir que no tiene horas propias, y lo que no tiene horas depende de la voluntad de cada centro y de cada profesor. Los países que mejores resultados muestran son los que han fijado un mínimo concreto, con tiempo asignado y con alguien responsable de impartirlo.