Matriculado en primeros auxilios: qué puede aprender un alumno en cada etapa
Tratar los primeros auxilios como una materia más obliga a responder dos preguntas: qué se enseña a cada edad y quién lo enseña. Varias experiencias españolas ya tienen respuestas.
Imaginar los primeros auxilios como una asignatura con matrícula, temario y evaluación ayuda a pensar en serio qué debería saber un alumno al terminar cada etapa. La respuesta no pasa por un curso intensivo a los 16 años. Lo razonable es una progresión que empieza muy pronto y se amplía a medida que el niño crece y gana fuerza y criterio.
Infantil: saber pedir ayuda
Un niño de cuatro o cinco años puede aprender a reconocer que algo va mal, a buscar a un adulto y a marcar el 112. También puede memorizar su nombre completo, el de sus padres y la dirección de casa, datos que el operador necesitará. Para practicarlo basta un juego de rol con un teléfono de juguete.
Primaria: proteger, avisar, socorrer
En Primaria entra la secuencia básica de cualquier emergencia: proteger, avisar y socorrer. Primero, asegurarse de que el lugar no es peligroso. Después, llamar al 112 y explicar con claridad qué ha pasado y dónde. Por último, ayudar en la medida de lo posible. A esas edades se pueden practicar la posición lateral de seguridad para una persona inconsciente que respira con normalidad, la actuación ante una herida que sangra o una quemadura leve, y qué hacer si alguien se atraganta. Las pautas actuales para el atragantamiento son animar a toser mientras la persona pueda hacerlo y, si deja de ser eficaz, dar hasta cinco golpes entre los omóplatos seguidos de hasta cinco compresiones abdominales, alternándolos. Si pierde el conocimiento, se llama al 112 y se empieza la reanimación.
Secundaria: reanimación y desfibrilador
Hacia los 12 o 13 años la mayoría de los alumnos tiene ya fuerza suficiente para comprimir el pecho de un adulto con la profundidad correcta, de 5 a 6 centímetros. Es el momento de practicar con maniquí la reanimación cardiopulmonar completa y el uso del desfibrilador externo automático.
Quién enseña
Esta pregunta suele frenar cualquier propuesta. No hace falta llenar los colegios de sanitarios. Un profesor que ha recibido una formación específica puede impartir estos contenidos con buenos resultados, y el apoyo de los servicios de emergencias locales permite reforzar las sesiones prácticas.
En España ya funcionan experiencias de este tipo. El SAMUR de Madrid forma a jóvenes de 10 a 18 años con su Programa Alertante. En Navarra, El ABC que salva vidas enseña en los colegios a actuar ante una persona inconsciente y a poner en marcha la cadena de supervivencia. En Cataluña, el programa PROCES lleva formando alumnos en reanimación desde principios de la década pasada, y en Lugo el proyecto RCP na aula lo hace en institutos con el apoyo de la Xunta de Galicia.
Todas comparten un límite: dependen de la iniciativa de un servicio, una comunidad o un centro concreto. Un alumno aprende o no según dónde le toque estudiar. Convertir esos programas en una materia de matrícula general es la diferencia entre formar a unos cuantos miles y formar a una generación entera.