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A Salvo

Educación en emergencias para familias y escuelas

Primeros auxilios

Una chispa para salvar vidas: cómo se propaga lo que un niño aprende

La formación en reanimación no se queda en el aula. Los alumnos la llevan a casa, y ese efecto multiplicador es uno de los mejores argumentos para empezar por los colegios.

Un incendio empieza con una chispa, y la formación en primeros auxilios también se propaga así. Cuando un alumno aprende a reconocer una parada cardiaca y a hacer compresiones, rara vez se lo guarda. Lo cuenta en la cena o lo practica con sus padres en el sofá. La escuela forma a uno y, sin proponérselo, llega a varios.

El experimento de los maniquíes daneses

Dinamarca midió ese efecto a gran escala. A mediados de la década pasada repartió 35.002 maniquíes personales de reanimación entre alumnos de 12 a 14 años de 806 colegios. Cada kit incluía un vídeo de instrucción de 24 minutos. Los chicos aprendían en clase y después se llevaban el maniquí a casa para formar a familiares y amigos. El estudio, publicado en la revista Circulation en 2007, concluyó que repartir maniquíes entre escolares es una forma viable de extender la formación en reanimación a toda la población.

El programa formaba parte de un esfuerzo nacional más amplio. Desde 2005 la formación en reanimación básica es obligatoria en los colegios daneses, y desde 2006 también para obtener el permiso de conducir. Entre 2001 y 2010 el porcentaje de paradas cardiacas en las que un testigo hizo reanimación pasó del 21 % al 45 %, y la supervivencia a los 30 días subió del 4,5 % al 10,8 %.

De Europa a las aulas

La idea de que los niños pueden salvar vidas ha ido ganando apoyos. En 2012 el Parlamento Europeo aprobó una declaración que pedía programas de formación en reanimación y uso de desfibriladores en todos los Estados miembros. Al año siguiente, el 16 de octubre de 2013, se celebró por primera vez el Día Europeo de la Reanimación Cardiopulmonar (Restart a Heart Day) en más de veinte países, con el lema «los niños salvan vidas». La cita se repite cada 16 de octubre.

En 2015 el Consejo Europeo de Resucitación impulsó la declaración Kids Save Lives, que la Organización Mundial de la Salud respaldó ese mismo año. Su propuesta es concreta: dos horas de formación en reanimación al año para todos los escolares, a partir de los 12 años como muy tarde.

Por qué funciona

Un adulto sin formación suele dudar ante una persona que se desploma por miedo a hacer daño. Un niño que ha practicado varias veces con un maniquí tiene menos reparos, y cuando explica en casa lo que ha aprendido obliga a los adultos a pensar en ello por primera vez.

Las pautas que conviene transmitir son pocas y sencillas: comprobar si la persona responde y respira con normalidad, llamar al 112 con el altavoz puesto, comprimir fuerte y rápido en el centro del pecho y pedir un desfibrilador. Aprenderlas cuesta una tarde. Recordarlas, un repaso cada curso.