Emergencias en casa y en la escuela
¿Sabrían reaccionar sus hijos ante una situación de emergencia?
Un niño de cuatro años ya puede pedir ayuda. Hacerlo bien depende de que alguien se lo haya enseñado antes, con calma y sin asustarle.
Muchos padres dan por hecho que, si ocurre algo grave en casa, habrá un adulto para resolverlo. Pero hay tardes en que el único que está despierto y consciente junto a un abuelo que se ha caído o una madre que se ha desmayado es un niño. Lo que haga en los minutos siguientes depende casi por completo de lo que haya practicado antes.
Desde qué edad
Las recomendaciones del Consejo Europeo de Resucitación, recogidas en su guía de 2025 para la población, sitúan en torno a los cuatro años la edad a la que un niño puede aprender a pedir ayuda. Las compresiones torácicas llegan después, hacia los diez o doce años, y el uso del desfibrilador entre los trece y los dieciséis. Nada impide empezar por lo primero ya en casa.
Lo que conviene que sepa
- Su nombre completo, su dirección con número y piso, y el teléfono de al menos uno de sus padres.
- Que el 112 es gratuito, que atiende cualquier urgencia y que se puede marcar desde cualquier teléfono, fijo o móvil.
- Qué decir al llamar: qué ha pasado, dónde están y si la persona habla o respira.
- Que no debe colgar hasta que se lo diga el operador, y que hará lo que este le vaya indicando.
- Que una llamada de broma ocupa una línea que otra persona puede estar necesitando.
Un buen ensayo es simular la llamada con un teléfono apagado, haciendo usted de operador. Si el niño es capaz de decir su dirección sin dudar con los nervios de un juego, lo hará mejor cuando sea de verdad.
Si hay fuego en casa
El error más frecuente en los niños es esconderse debajo de la cama o dentro de un armario. Hay que explicarles que el humo es lo más peligroso, que deben salir cuanto antes, agachados si hay humo, y no volver a entrar por nada, ni por un juguete ni por la mascota. Antes de abrir una puerta cerrada, se toca con el dorso de la mano: si está caliente, no se abre, se tapan las rendijas con ropa y se pide ayuda desde la ventana. Una vez fuera, todos van al punto de encuentro acordado para saber enseguida si falta alguien.
Cuándo no acercarse
Enseñar a ayudar incluye enseñar a no ponerse en peligro. Un niño no debe tocar a una persona que está recibiendo una descarga eléctrica, meterse en el agua a por alguien que se ahoga ni cruzar la calzada hacia un accidente. Su tarea en esos casos es avisar a un adulto y llamar al 112 desde un sitio seguro.
Conviene además preguntar en el colegio qué se trabaja en clase y cuándo se hacen simulacros. Si en casa se repite lo mismo, el niño lo aprende dos veces.