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A Salvo

Educación en emergencias para familias y escuelas

Emergencias en casa y en la escuela

Qué hacer durante un terremoto: lo que un niño debe saber

España no es un país de grandes terremotos, pero los tiene. Lorca lo recordó en 2011, y casi todas las víctimas murieron por lo que cayó de las fachadas.

La peligrosidad sísmica de España es moderada si se compara con la de otros países mediterráneos como Italia, Grecia o Turquía. Aun así, cada año se registran terremotos que la población nota, algunos causan daños y la historia recoge varios destructivos, como el que asoló en 1884 la comarca granadina de Alhama y Arenas del Rey. La guía didáctica sobre riesgo sísmico que el servicio estatal de Protección Civil editó para el profesorado parte de esa idea: el riesgo es bajo pero real, y la mejor defensa es que la gente sepa qué hacer.

Lorca, 11 de mayo de 2011

A las 17:05 de aquella tarde un terremoto de magnitud 4,5 sacudió Lorca, en la Región de Murcia, y dañó ya algunos edificios. Casi dos horas después, a las 18:47, llegó el principal, de magnitud 5,1, con epicentro a pocos kilómetros de la ciudad y un foco muy superficial. Se sintió en buena parte del sureste y hasta en Madrid, a más de 400 kilómetros.

Según el informe del Instituto Geográfico Nacional, murieron nueve personas, la mayoría bajo pretiles y cornisas desprendidos de la parte alta de los edificios. Hubo centenares de heridos. Prácticamente todos los inmuebles de la ciudad quedaron marcados, aunque solo un bloque de viviendas se derrumbó por completo. En julio el Consorcio de Compensación de Seguros acumulaba más de 24.000 expedientes por daños en viviendas.

El sureste peninsular, con Murcia, Granada y Almería, concentra buena parte de la actividad sísmica española. Pero el dato que conviene retener de Lorca es otro: el peligro estuvo sobre todo en la calle, junto a las fachadas.

Predecir no se puede, prevenir sí

Hoy no existe ningún método que permita anunciar con antelación el lugar, la fecha y la magnitud de un terremoto. Lo que sí funciona es la prevención: construir conforme a la norma sismorresistente, tener planes de emergencia y enseñar a la población a protegerse. En España la norma de construcción vigente es la NCSE-02, y el Estado y las comunidades con más riesgo cuentan con planes específicos ante el riesgo sísmico.

Antes: preparar la casa y a la familia

  • Sujetar a la pared estanterías, armarios altos y calentadores, y no colgar objetos pesados sobre camas y sofás.
  • Localizar en cada habitación una mesa o un mueble sólido bajo el que meterse.
  • Acordar un punto de reencuentro fuera de casa y un familiar de otra ciudad al que todos avisen.
  • Tener a mano una mochila con linterna, pilas, radio, botiquín, copia de los documentos, algo de dinero, agua y comida que no se estropee.

Durante: agacharse, cubrirse y agarrarse

Dentro de un edificio lo correcto es quedarse dentro. Al empezar el temblor hay que agacharse, meterse bajo una mesa o un escritorio resistente y agarrarse a una de sus patas hasta que pare, moviéndose con el mueble si se desplaza. Si no hay ninguno cerca, conviene agacharse junto a una pared interior, lejos de ventanas y muebles altos, y protegerse la cabeza y el cuello con los brazos. La recomendación antigua de buscar un muro de carga ha quedado sustituida por esta secuencia de agacharse, cubrirse y agarrarse, que es la que enseñan hoy los servicios de emergencia. Quien esté en la cama debe quedarse en ella y taparse la cabeza con la almohada. El ascensor no se usa nunca.

En el colegio el gesto es el mismo: debajo del pupitre, agarrado a la pata, sin correr hacia la puerta. Salir corriendo mientras tiembla expone justo a lo que mató en Lorca: cristales, tejas y cornisas que caen a la calle.

En un cine, un centro comercial o un polideportivo, la reacción de correr hacia las salidas provoca avalanchas. Es mejor agacharse donde se esté, junto al propio asiento o lejos de escaparates, y salir con orden cuando pare. Quien vaya en silla de ruedas debe frenarla y protegerse la cabeza con los brazos o con lo que tenga a mano.

Quien ya esté fuera debe quedarse fuera, alejarse de fachadas, farolas, cables y árboles, y agacharse en un espacio abierto hasta que termine.

En el coche, lo prudente es parar en cuanto se pueda hacerlo con seguridad, lejos de puentes, pasos elevados y tendidos eléctricos, y esperar dentro con el cinturón puesto. Después se reanuda la marcha despacio, sin pasar por puentes ni rampas que puedan estar dañados.

Después: calma y réplicas

Tras un terremoto fuerte llegan réplicas, algunas capaces de derribar lo que ya está dañado. Hay que comprobar si alguien está herido, salir por las escaleras con calma y no volver a entrar en edificios con grietas. Si huele a gas, se cierra la llave y no se encienden luces ni mecheros. El teléfono queda para urgencias reales, para no saturar las líneas del 112, y la información fiable llega por la radio y por los canales oficiales de Protección Civil.

Aprenderlo en clase

En países con mucho riesgo sísmico el simulacro escolar es rutina. En Perú, por ejemplo, se celebran cada año simulacros nacionales de sismo en los que participan también los colegios. Un niño que lo ha ensayado varias veces se mete debajo de la mesa sin pensarlo, y puede recordar a los adultos que tenga cerca que no hay que salir corriendo.